martes, 19 de mayo de 2015

Rascacielos


Torre diseñada por  Rafael  Viñoly 

Hoy no es fácil hablar de los hechos de la arquitectura. Esto es, de una actividad que es siempre positiva, para que nuestra residencia en la tierra sea lo más grata posible. Cuando, alrededor, el mundo es lo que es: los africanos desesperados ahogándose por millares, tratando de llegar a las costas de la riqueza y el bienestar, o también un niño asesinando a sus maestros con una ballesta. O aquí, más cerca, las utopías zozobrando en un pantano de peligros. Pero hay que hacerlo. Hay que seguir hablando de las menudencias de esta actividad siempre saludable. Tal vez porque es también una forma de terapia colectiva, insistir en ver hacia adelante: al fin y al cabo el futuro es una invención humana. Paul Goldberger, crítico e historiador de arquitectura, así lo repite: "construimos porque creemos en el futuro y construimos bien porque creemos en un futuro mejor". Es por ello que no es fácil, pero no imposible, seguir hablando de arquitectura. 

Por ejemplo, los cambios en las tipologías. Recordemos: Tipología: una categoría casi sagrada para los historiadores. Lo que se construye se organiza en diferentes campos, las viviendas, los castillos, las catedrales, los templos, los aeropuertos, las usinas, etc. y se estudia su evolución. Una de estas categorías que ha tenido un crecimiento exponencial en el mundo de la modernidad, es la de los rascacielos. Nacidos como producto integrado de diferentes componentes entre los cuales el desarrollo tecnológico y el costo de la tierra se combinan con las ambiciones de poder y la presión del hacinamiento, el rascacielos, particularmente en su versión norteamericana, ha tenido un papel protagónico extraordinario. Luego del atentado del 11 de septiembre, lo que era el emblema de toda una "way of life", ratificó su inmensa importancia emblemática y a la vez anunció, en la voz de muchos, su defunción: se acabó el rascacielos. Falso. Ha pasado el tiempo y hoy se construyen tantos rascacielos como nunca antes. En Asia, Europa y Norteamérica, crecen por centenares en una absurda competencia por alcanzar la mayor altura posible, como si ello fuera una carrera a la fama y a la inmortalidad. Hay razones, por supuesto, detrás del fenómeno. Y muy materiales. Por ejemplo, en su evolución. Los que se están construyen en este momento en la capital del rascacielos, en Nueva York, compiten ya no por la altura, asunto descontado, sino por lo que se ha llamado la "skinniness", la "flacura, de las torres. Como puede verse de las ilustraciones, se parecen cada vez más a nuevos y delgados lápices erguidos en un mar de colosos apretados entre sí. No es difícil comprender su mecanismo creador: el costo creciente de la tierra ha valorizado las parcelas pequeñas. Junto con la demanda alocada de apartamentos de lujo, lógicamente la respuesta consiste en torres estiradas y delgadas hasta la caricatura. Un apartamento por piso y centenares de millones de dólares de valor de venta. Demanda y respuesta. Una imagen perfecta de cómo funcionan los mecanismos del mercado inmobiliario. El profesor Pevsner, tan adicto a la categoría de la tipología, hallaría aquí un excelente material de estudio.

Entre todas las nuevas torres, la mejor, desde el análisis de su diseño, por su contundente claridad formal, el rascacielos cuyo autor, vaya casualidad, es el arquitecto uruguayo, Rafael Viñoly.(identificado como 432 del gráfico siguiente).

Carrera a la cima
Una vez terminados, los súper rascacielos transformarán el "midtown" de Manhattan.



miércoles, 13 de mayo de 2015

Hay que decirlo


Aldo Rossi, Cementerio de San Cataldo, Módena, Italia, 1971-84

1. Siempre repetimos que la crítica debe ser abierta y franca. Pero cuando nos acercamos a obras realizadas por amigos, colegas o conocidos, se atraviesa todo un mundo de relaciones previas, de recuerdos, de complejidad de situaciones personales, que hacen difícil ser completamente sinceros y directos. Entiéndase que no se trata de una cierta forma de hipocresía, sino del espesor de conocimiento de la infinita multiplicidad de razones y condiciones que hacen que una obra sea como es, y cuando con el autor de la obra hay una vivencia común, aunque sea disuelta y lejana, aumentan las reservas, la prudencia, y el respeto hermano de la buena educación. Si, en cambio, se trata, digamos, de Zaha Hadid, entonces la absoluta distancia parece permitir acometer, con cierta indiferencia, la crítica más irónica o negativa.
Algo que tomar en cuenta.

martes, 5 de mayo de 2015

El nuevo Whitney


Es difícil no compartir lo que repiten las críticas. "Es feo, torpe, desgarbado. Es como New York, una acumulación ordenada de volúmenes incongruentes. Pero, cuando uno está adentro, lo perdona todo. Es un magnífico museo". Los comentarios coinciden, no es una obra maestra, es lo más parecido a una planta de electricidad o a una usina, pero ¡qué bien funciona! ¡Cómo se agradecen sus espacios que se abren como ningún otro museo, a la ciudad, a las vistas de río y del paisaje urbano!

martes, 28 de abril de 2015

No es lo que parece


No es un tema tratado con frecuencia o profundidad. Sin embargo toca un argumento que por sus implicaciones puede abrir accesos novedosos a la comprensión del comportamiento colectivo de una sociedad tan determinante en el mundo actual como lo es la norteamericana. Es el universo de cosas que en el gran mercado USA, mercado obsesivo, omniabarcante, compulsivo como probablemente ninguno otro en el mundo, aparecen siendo cosas que no son. Es un fenómeno que tiene especial relevancia en el campo por demás bien extenso de la construcción.

martes, 21 de abril de 2015

Más sobre la Expo


La exposición "Latinoamérica en Construcción: Arquitectura 1955-1980", actualmente en el MoMA de Nueva York, ha sido interpretada por muchos como el gran evento que iba a fijar la atención del mundo de la arquitectura en lo que se ha hecho, y por lo tanto en lo que se está haciendo, en nuestros países. Y en parte es cierto: El MoMA funciona como un gran altoparlante para la cultura arquitectónica mundial. Pero de allí a considerar casi una desgracia o un agravio que alguna obra considerada importante, no esté allí expuesta, hay un trecho considerable: el del mecanismo de la subordinación casi automática al dominio y control del sistema cultural occidental. El MoMA es un poderoso aparato de conservación y de difusión internacional. De eso no hay duda. Pero no es, desde su altura de mass-media, el que va a fijar para la historia nuestros valores reales. Será la capacidad de análisis crítico de nuestros historiadores, insertada en el estudio académico, lo que en definitiva va a establecer los parámetros con los cuales se va a apreciar la calidad e importancia de lo que hicimos y hacemos.

jueves, 16 de abril de 2015

La Expo


Por ser el MoMA lo que es -desde el siglo pasado un punto de referencias públicas internacionales para la cultura occidental- y por tratarse de un tema que nos atañe directamente, merece que se le dedique especial atención a la exposición recientemente inaugurada, "Latín America in Construction, 1955-1980". Resultado de un largo y gran esfuerzo de preparación, en las amplias salas de muy acertado dispositivo museográfico, que el MoMa le dedica a los logros arquitectónicos más significativos y de mayor trascendencia de ese trecho histórico, se reúne una notable cantidad de documentos originales de indudable valor para medir problemas y conquistas en el campo de la construcción de nuestras ciudades.
Con la guía experta de Barry Bergdoll, Jorge Francisco "Pancho" Liernur, Carlos Eduardo Comas y Patricio del Real se ha montado una exposición que intenta con enormes dificultades y éxitos indiscutibles, discernir los caminos particulares para cada país de América Latina. Más que insistir en la crítica más usual acerca de en qué proporción cuantitativa o cualitativa aparecen los diferentes países representados -que si México menos que Brasil, o que si Argentina más que Chile- es interesante discutir -y esto es algo que se esbozó en la reunión de museos de arquitectura, paralela a la inauguración de la exposición- hay que incidir en la gran necesidad de ubicar convenientemente cada obra y cada arquitecto en su contexto propio, en el entorno conceptual y material que lo justifica y le otorga algún sentido. Si no se resuelve este problema museográfico, de por sí complejo y delicado, lo que se obtendrá es una colección de documentos valiosos pero carentes de las explicaciones que el público se merece. Y esto vale, observemos esto con cuidado, inclusive para esa parte especializada del público formada por los arquitectos. Es por ello que no hay que dudar, desde quien diseña la exposición, en ampliar la presencia de las salas expositivas con las conferencias y los debates necesarios para profundizar sus contenidos, aristas y proyecciones. Es un asunto


Ricardo Porro, Vittorio Garatti y Roberto Gottardi,
 Escuelas Nacionales de Arte, La Habana, Cuba, (1961-1965)
 que concierne la educación del público, tarea principalísima de los museos modernos. Y, en el caso de los museos de arquitectura, aún más allá de la educación, se trata de ofrecer las ocasiones y el lugar para concentrar el valor de las ideas de quienes hacen su vida de la arquitectura, en el debate inteligente y la confrontación que producen crecimiento y progreso intelectual. Demasiadas veces el asombro de encontrar inesperadamente un plano o un croquis, o de descubrir el valor formal de un proyecto, es una lástima que no pueda acompañarse con una buena discusión acerca de cómo y dónde se ubica, en la historia de la vida social, el sentido de esos detalles. Y lo que se ha dicho, hay que reconocerlo, vale también para esta exposición. Temas de gran significado para nuestros países -como el del mecanismo de la imitación, el de la relación diferenciada con el territorio, su clima y su historia, y el fundamental, de cómo la modernidad penetra en nuestras culturas y termina por absorberlas hasta desorientarlas y violentarlas en lo esencial- no han podido entrar en el ámbito o en la periferia de esta exposición, muy valiosa, por otra parte, ya lo hemos dicho, por las obras que es capaz de presentar cómo realidades cercanas al público, pero lejanas en su posibilidad de entendimiento. La hermosa maqueta, por ejemplo, extraña por su color, del trabajo de Jesús Tenreiro para Ciudad Guayana, por si sola jamás podrá dar cuenta y testimonio cabal de las tensiones que en esta obra plantean las dificultades para establecer un diálogo entre modernidad y clima. Con las maquetas del maestro Galia ocurre algo parecido. No pueden verse sino cómo bellos objetos aislados, sin referencias con las crónicas de la ciudad. ¿Es demasiado pedir presentar también esas conexiones explicativas? Puede que lo que aquí faltó sea una gran dificultad de carácter expositivo y que constituya una carencia común a todas las exposiciones de arquitectura, mayores o menores. Sin embargo el MoMA, con su trayectoria, con su prestigio, con sus recursos, no puede apartar de su práctica museográfica el tiempo y el espacio de la experimentación. Se trata de un reto monumental que debería entrar a ser parte del estudio y del trabajo específico de cada uno de los museos de arquitectura en el mundo.

En el 1955 el MoMA presentó la otra famosa exposición dedicada a la arquitectura latinoamericana. Después de todo lo que se ha descubierto acerca de la participación de la política imperialista, durante la guerra fría y antes de ella, en los elementos de mayor influencia de la cultura de Europa y de América Latina, es difícil no pensar que aquella exposición no estuviera enmarcada en esos mismos propósitos de captación y supremacía. Hoy las relaciones internacionales son mucho más complicadas. Pero, por eso mismo, sería de ingenuos pensar que un museo del peso del MoMA no tuviera una estrategia preparada. A pesar de esa sospecha -sin apoyo de pruebas, es cierto- encontrarse con tantas obras, todas juntas, algunas de ellas extraordinarias, de nuestro pasado relativamente reciente, no deja de constituir un momento de emoción y, por qué no, también de orgullo
.


ARQUITECTURA VENEZOLANA EN EL MoMA

Carlos Raúl Villanueva, Pabellón Expo Montreal, Canadá, 1967


Carlos Raúl Villanueva,Taller personal, Casa Caoma, Caracas.

 Jesús Tenreiro, Edificio de la CVG, Guayana, 1967

José Miguel Galia, edificios Banco Metropolitano y Seguros Orínoco, Caracas.

Jorge Rigamonti, montaje fotográfico