martes, 19 de agosto de 2014

¡Parece 1er mundo!

Mucho con poco

Burkina Faso

Li-Xiaodong, Biblioteca, China

Al Borde, Ecuador

Estudio Mumbai, Casa Palmira, India

Francis Kere, Escuela, Burkina Faso
Dirección de Edificaciones MPPC, Espacio Cultural Antimano 

Por las publicaciones o por los viajes, entras en contacto con lo que se está haciendo en América Latina. Y te das cuentas de que sigue siendo muy fuerte la tendencia, que ya tiene siglos, a imitar -a ser lo más parecidos- a los modelos formales y a las formas de comportamiento de los grandes países industrializados. En términos de arquitectura uno de los aspectos más evidentes es el que toca a la manera como se construye y a los materiales empleados. En la medida en que la verdadera arquitectura es la que se construye, la que se elabora, con todas sus implicaciones, a partir de la realidad de las estructuras y de los materiales, es justamente en los materiales empleados que se observa esa tendencia a usar los que se suponen que “mejor” representan el “primer mundo”.

Acero inoxidable, súper aleaciones, plásticos costosos, enormes cristales, acabados de maravilla, los materiales del lujo o por lo menos de la abundancia, son lo que se pretende, junto con la complicada y exclusiva tecnología que los acompaña indefectiblemente, incorporar en el diseño de nuevos edificios. Los resultados se parecen con frecuencia a un pordiosero desarrapado y calzando chancletas pero con chistera. No siempre es así. En Brasil, en Buenos Aires o en alguna ciudad de Chile, puede que el contraste entre el contexto, el entorno urbano y la obra, no sea tan chocante. Pero en general en nuestra América hay una gran diferencia entre la normalidad de la penuria y las pretensiones de la nueva arquitectura. Con ella se repite siempre algo que está en las propias raíces del acto de construir: las obras son para mejorar la vida social, para ganar beneficios y calidad. El intento de imitar al “primer mundo” es eso, deseo de progreso: seremos mejores, más civilizados, puesto que parecemos como los del primer mundo. No importa que esa aspiración no tenga fundaciones en estructuras productivas modernas ni en condiciones sociales desarrolladas. No importan los fracasos o los disfraces patéticos. Tampoco importa que ese progreso que nos encandila, esa civilización que reaclamamos, no sea lo más adecuado para nuestro futuro (y para el futuro del mundo). La sociedad china, en su gigantesco salto adelante, está repitiendo, punto por punto, todos los errores cometidos, en su construcción histórica, por el Occidente capitalista. Así que sería ingenuo suponer que nosotros, desde las orillas de nuestra playa caribeña y petrolera, pudiéramos escapar del mismo embrujo.

La modernidad, tal como la conocemos hasta ahora, ha sido demasiado deslumbrante, demasiado sexy. Así el intento de imitación, perdura, se renueva, se repite en una constante labor de Sísifo. Y sigue presentándose el mismo efecto: una arquitectura que pretende ser otra (pero que no puede) y una realidad socio-urbana que permanece en una penosa indigencia.

Repetía Rogelio Salmona que el criterio que debe guiarnos, en nuestros contexto, es el de la “realidad”. Ello puede interpretarse de diferentes maneras, pero hay una que nos parece acercarse a lo que el gran arquitecto colombiano quería decir. Ver y sentir la “realidad”, “nuestra realidad”, con suficiente nivel de sensatez para distinguir lo extraño, lo adicional, lo artificial, y separarlo de lo natural, de lo idóneo, de lo conveniente y oportuno. Y sacarle todo el provecho a lo que tenemos -a lo que hay, para usar una fórmula ordinaria- aunque sea simple y elemental o relegado en lo común. Para ello hay que saber ver el entorno intelectual y material dentro del cual estamos colocados. Entender el momento y la situación. Y de allí captar el grado de elaboración, el circuito de decisiones de diseño que corresponden a su autenticidad. En ese nivel es que se da el contacto con la “realidad”.

No se trata de pedir normalidad de penuria para los creadores. Mucho menos de solicitar una arquitectura que celebre la pobreza. Tampoco de auspiciar una ideología de la austeridad, que ya podría ser bien atractiva en lo ético, en un mundo como el actual, que está sangrando (literalmente) por una multitud de crisis. Más bien se trata, en síntesis, de realizar un ejercicio de “realismo”. El difícil reto está en discernir, en cada caso y momento, cuál es la mejor respuesta: hasta donde forzar el afán de (nueva) modernidad y de (sana) civilización, sin romper la cuerda que nos ata a la realidad. En el mundo y en la historia hay muchos ejemplos, algunos ilustres otros menos conocidos, de cómo es posible, con materiales “pobres” o corrientes, con estructuras sencillas, pero con talento y una buena dosis de sensibilidad, lograr alcanzar niveles muy altos de calidad, de estética y sobre todo de vida.  Para ello hay que hacer uso, con inteligencia, de una estrategia absolutamente indispensable: sacarle el máximo a lo mínimo, hacer mucho con poco, convertir en calidad lo que se tiene como trivial. Hasta transmutar -¡sorpresa!- en fino lo que parecía tosco. En cada caso, en su apropiado nivel de realidad.

Como, por otra parte, decía y hacía Salmona.


martes, 12 de agosto de 2014

Invitación



El espacio público tiene múltiples dimensiones.

 ÁREA es una obra que intenta acercarse a la idea de “lo público” desde la ocupación efímera de una plaza en Caracas. Es una intervención participativa para transformar el vacío urbano a partir de la acción del espectador.

ÁREA es un proyecto que busca comprender el espacio público desde su apropiación temporal, dibujar sus dimensiones con múltiples cuerpos en movimiento para construir nuevos paisajes, formas que se develan en la fotografía. La obra consiste en un performance abierto en el que las personas se suman para medir el vacío de una plaza, dimensiones que luego son trasladadas a otro lugar planteando nuevas preguntas.

Puedes conocer un poco más sobre esta línea de trabajo en obras anteriores como Traslaciones. Son intervenciones participativas donde la materia que las constituye es la experiencia y presencia del espectador.

Existen dos modalidades de participación, puedes ser colaborador o espectador. Ambos serán parte del performance, la única diferencia es que los colaboradores estarán conscientes de las dinámicas del proyecto para poder orientar al espectador durante el desenvolvimiento de la obra.

Si quieres involucrarte en el desarrollo de la intervención puedes asistir a una REUNIÓN INFORMATIVA con el grupo de Instagramers Venezuela y Proyecto Colectivo
Gradas de la Plaza de los Palos Grandes
Domingo 10/08/2014
4:00 pm

Para ser parte de la obra como espectador solo tienes que asistir el día de la INTERVENCIÓN
Plaza Caracas del Centro Simón Bolívar
Sábado 16/08/2014
4:30 pm.


Están todos invitados y pueden extender esta invitación, suscriciones abiertas en proyectocolectivo.org

Gracias por ser parte de ÁREA.
Miguel Braceli

Otra vez la Torre

Bonadies & Olavarría Torre vista desde los Caobos
Mientras algunos de nuestros colegas arquitectos, muy conocidos sobre todo en la brumosa y amodorrada academia criolla, dedicaban parte de su tiempo a discusiones de gran urgencia y actualidad como de si es posible afirmar que Le Corbusier es o no moderno, otros arquitectos, más cercanos a las duras aristas y a los pliegues de la realidad, se planteaban, la semana pasada, discutir en y con el público masivo, acerca del uso, en el futuro próximo, de la llamada “Torre de David”. La diferencia de temas es reveladora. Un debate virtual entre pocos “entendidos”, encerrados en su pequeño recorte de territorio cultural, acerca del valor abstracto de categorías puramente nominales, y un abierto debate entre muchos, arquitectos y pueblo, acerca de la vida concreta en los testimonios concretos de esta ciudad tan maltratada por la injusticia y la desigualdad. Los ángeles en la punta de un alfiler vs. la crueldad de hechos como el de niños que se caen en el vacío desde el piso doce. Porque, en el fondo, de esto último es que se trataba en los debates convocados, el último en el Teresa Carreño, por Ernesto Villegas, nueva autoridad de la OPPPE. Ya era tiempo. Por fin, después de tantos años, el Estado se ocupa de qué pasó, qué está pasando y que pasará con la gente, adultos y niños, que están viviendo todavía en la Torre Confinanzas.

sábado, 2 de agosto de 2014

Para que David no se convierta en un Goliat



Hay que tomar muy en cuenta que la torre de David ha pasado de ser una dolorosa circunstancia -una más, tal vez demasiado visible, enclavada en todo el centro de la capital, hija de la estructura social que nos ha caracterizado como país- a ser un símbolo de pasadas aspiraciones y de sucesivos clamorosos fracasos. El papel que algunos arquitectos le asignaron en el teatro de la cultura internacional, vía Bienal de Venecia, ha aumentado los riesgos que

miércoles, 23 de julio de 2014

La densidad y el equipamiento


¿Cuáles son los límites de densidad que pueden ser aceptados en el programa de construcción de viviendas urbanas? Con más precisión: ¿cuáles son las condiciones que rigen diferentes densidades en diferentes contextos sociales? Respuestas a estas preguntas y a otras más, se presentaron en la conferencia que dio el arquitecto Facundo Baudoin, en el MUSARQ, el miércoles pasado, y en los interesantes comentarios que se originaron en el público. El título de lo que trató Baudoin fue “Sobre la Base del Condensador Social”, tocando el tema de un edificio en el centro de Caracas. De él se desprendieron consideraciones generales, bien sea con relación al tema mismo: en lo esencial, la construcción y el diseño participativo, así como con relación a las implicaciones para


martes, 15 de julio de 2014

La otra cara de la modernidad


La conferencia del profesor Alfredo Mariño (en el MUSARQ, el 10 de julio) nos dejó, a los asistentes, el deseo de seguir discutiendo aspectos medulares del concepto de modernidad. De esa modernidad de la cual se supone que debemos andar orgullosos, nosotros los venezolanos, ya petroleros, que estábamos a la cabeza (así reza, por lo menos, nuestra mitología particular) de esa América Latina de los años cincuenta. De esa modernidad que supuestamente es el fruto de nuestros esfuerzos conscientes por desarrollarnos civilizadamente.